Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

Un punto de vista diferente

[Texto del artículo]

26 Diciembre 2014
Categoría:
Autor: Ana María

Aunque ya pasó como un mes después de Semana Santa, aun así quería compartir algo relacionado con el tema que cambió mi perspectiva:


Me  encontraba  recostada  en  el  sillón  de  la  sala  viendo  la  televisión  cuando  mi  mama  llego  y sintonizó un canal religioso nacional, en él estaban transmitiendo una sección del programa que es la reflexión del evangelio del día a cargo de un sacerdote, realmente yo no tenía muchas ganas de escucharlo, pero aun así me quede para escuchar que era lo que iba a decir, el evangelio de ese día

decía así:


María Magdalena estaba llorando afuera, cerca del sepulcro. Mientras lloraba se agacho sobre el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentados, uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿Por qué lloras?” Les respondió: “Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde, lo han puesto.” Al decir esto miro por detrás y vio a Jesús de pie, pero no le reconoció. Le dijo Jesús: “Mujer, ¿Por qué lloras?, ¿a quien buscas?” Ella, creyendo que sería el cuidador del huerto, le contestó: “Señor, si tu lo has sacado, dime donde lo pusiste y yo me lo llevaré”. Jesús le dijo: “María”. Entonces ella se dio vuelta y le dijo: “Rabboní”, que en hebreo significa “maestro mío”. “Suéltame, le dijo Jesús, pues aun no he vuelto donde mi Padre: anda a decirles a mis hermanos que subo donde mi Padre, que es Padre de ustedes; donde mi Dios, que es Dios de ustedes”. (Juan 20, 11-18)


Lo  que  me llamó la  atención  fue  que  el  Padre  que  hizo  la  reflexión  le  dio  un punto de vista diferente al que yo siempre había escuchado que le daban a esa lectura, él dijo: que muchas veces estamos  tan  sumergidos  en  nuestro  dolor  que  aunque  le  estemos  pidiendo  a  Dios  que  se  haga presente  y  que  nos  ayude  no  le  reconocemos,  muchas  veces  de  alguna  manera  aunque  no  nos demos  cuenta,  nos  acostumbramos  a  permanecer  en  dolor,  lo  que  nos  ciega  nuestros  ojos  para poder ver al Dios verdadero que esta a nuestro lado, ese Dios que siempre ha estado allí pero que no lo reconocemos. También dijo algo muy importante: que a medida que fuéramos tratando de no sumergirnos tanto en el dolor y reconociéramos a Dios también íbamos a poder reconocer a nuestro prójimo y poder ver el dolor de él y ayudarlo a reconocer también a Jesucristo y así ir cambiando a  los  demás,  enseñándoles  que  nunca  deben  de  sentirse  abandonados  porque  realmente  nunca  lo están.

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