Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

Hoy

[Texto del artículo]

17 Febrero 2015
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Autor: Mónica

Hoy

Miramos el mundo y hablamos de la situación que se está viviendo, nos quejamos y proponemos que deberíamos solucionarlo. Después de esa conversación que mantenemos con amigos o familiares, nos ciega una abrumadora realidad que nos arrasa. Perdemos nuestras ideas y convicciones y cargamos culpas a otros. Que el resto arregle el planeta, ya tenemos suficiente. Encendemos la televisión y mil anuncios y noticias de desgracias nos bombardean. ¿Puede pararse el mundo por un momento?

Rutina, ruido de fondo, siempre lo mismo. Ya obramos mecánicamente, sin procesar, sin pensar, por mera costumbre. No existe paz, no hay sosiego y todo nuestro ser lo pide a gritos cada segundo.

Que el sonido de un violín logre erizar tu piel. Que los pasteles recién hechos de la abuela embriaguen tu olfato. Que una amapola llene tus pupilas de color. Que tus sentidos vuelvan a abrirse, que vuelvan a sentir. Que vuelva la inspiración, las ganas de vivir. Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces (o más por lo habitual) con la misma piedra. Cae, hasta el fondo del abismo, que siempre puedes retornar.

Paseo por el museo del Prado y cada cuadro me entusiasma, me llena por completo produciéndome una sensación placentera al conocer, al observar. Los edificios del Barrio de las Letras me arropan, y admiro en ellos su arte. La naturaleza del Retiro me envuelve en un aura de armonía y el Templo de Debod evoca en mí sensaciones de un esplendoroso pasado egipcio.

Son pequeños actos, pequeñas cosas que permiten que vea el mundo a otro nivel, que hacen que salga de aquella monótona rutina que parecía implacable.

Volviendo a aquello de cambiar el planeta, opino que podíamos llamarlo utopía factible. Galeano afirmó que mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo. ¿Por qué no tú, yo, aquí y ahora? Sin ser políticos o reyes. Siendo humanos de carne y hueso. Si tienes una idea, lucha por ella, llévala a cabo.

Muchos generalizan diciendo que las juventudes de hoy en día no valen. Tengo diecisiete años y tengo la ilusión y las ganas de emprender proyectos y aportar algo al mundo. No es cuestión de creernos dioses del Olimpo o cosa similar, pues siempre nos encontraremos subordinados a órdenes superiores y bajo una actitud de humildad los logros suelen ser mayores.

Hablando de esa subordinación inevitable a un orden superior, me viene a la cabeza Nietzsche. Nos dicen que Dios ha muerto y aparentemente las cadenas que nos ‘atan’ a una moral o valores determinados desaparecen. El ser humano es ahora total y absolutamente libre. ¿Sí? Creo que no. En mi opinión uno es tanto más libre cuanto más sabe o conoce lo que hace. La libertad no es cuestión de obrar sin pensar. Más bien nos esclavizamos a nosotros mismos así. Una vida que conllevase esa libertad que actúa sin meditación alguna o ‘determinación’ de la moral sería pues meramente instintiva, asemejándose así a la fauna. ¿Por qué nos molesta la subordinación a órdenes superiores? Orgullo, soberbia, altivez. Esas ansias de aquello, no pueden llamarse ansias de libertad, ya que ésta es considerada como la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Parte importante de esta definición es la que menciona a la responsabilidad, y ya que sabemos que la libertad implica ser responsable, descartamos que ésta pueda ser equivalente al instinto, que propicia la realización de acciones por mero impulso o propensión natural e indeliberada.

El ser humano ha pensado que podía alcanzar la felicidad si lograba desatar las correas de la razón y la moral. Necio de él se estampó de bruces con la realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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