Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

Que vuelva el ser a la máquina

[Texto del artículo]

18 Febrero 2015
Categoría:
Autor: Mónica

Que vuelva el ser a la máquina

 

¿Cuánto hace que tu alma no se conmueve? ¿Cuánto hace que no sales de la implacable rutina? ¿Cuánto hace que no sientes? ¿Cuándo fue la última vez que un magistral violín erizó tu piel? ¿Cuánto desde el día en que meditaste y hallaste sosiego?

Y es que érase una vez, un mundo en el que se quería arrancar a despojo la esencia de la persona. Érase una sociedad en la que ya no se pensaba por uno mismo. Érase aquel instante en que el hombre era marioneta. Y poco a poco, fuimos máquinas. Pero éstas no tienen alma, no poseen iniciativa, son incapaces de sentir. Un brutal y arrasador pasotismo nos envuelve en su dulce y atractivo encanto. Una ceguera nubla nuestros principios. Y el artificio surte efecto. Esas maravillas de Da Vinci, esa Piedad de Miguel Ángel, la grandiosa Venus de Botticelli o el mismo Coliseo romano pierden esplendor. Ya no se disfruta calmado frente a un monumento, necesitamos impulsivamente publicar en Facebook nuestro viaje a Italia. Pasa la vida desapercibida ante nosotros. Intentamos atrapar fugaces el último minuto, la última milésima...ya ha pasado. Y sin embargo, y de manera innata, siempre habita en cada uno esa iniciativa, ese ansia, ahora atenuada, de labrar una trayectoria fructífera; de no ser meros caminantes o viajeros de paso en la Tierra. Viene ya de fábrica, incluido en la persona, el sentimiento de ilusión frente al camino, las ganas locas de sacar tu proyecto adelante.

Y creces, sales de la burbuja y vuelas solo. El idealismo va en regresión, la utopía ya no se vislumbra tan factible. Tenemos infinidad de cachivaches alrededor, multitud de drogas, cantidad de distracciones superfluas. Nos han engañado, han creado necesidades en nosotros que no se corresponden con el ente humano. Genera taquicardia estar un par de horas sin ver las actualizaciones de Instagram. Reencontrémonos, despertemos, volvamos a la carne y el hueso de manera no virtual.

Y es que nos afanamos en acumular la materia en todas sus formas. Dedicamos incontables horas de investigación y capital a nuevos avances tecnológicos mientras una pequeña de Nigeria estallaba por tener una bomba acoplada a su pequeño cuerpo. Nadie conocía el ébola hasta que no afectó a Europa. Y el mundo vivía sedado, y la cicatriz se iba acrecentando.

Aquellas películas que en dos horas retrataban cómo el éxito se alcanzaba de la noche a la mañana, casi de manera instantánea, hicieron un daño infinito. Muchos vieron frustrados sus sueños porque nadie les habló del esfuerzo, del valor del sacrificio. Que cada gota de sangre y sudor era meritoria, que el dinero inmediato no aportaba felicidad extrema. Y en el ''enseñar'' está la clave, en instruir a la sociedad y devolverla a sus pilares básicos. Ya postuló Rousseau aquella vuelta del hombre a su estado natural.

Y es que todo lo que mis líneas han citado es fiel imagen de la sociedad, pero no nos percatamos de ello porque nuestro tiempo es absorbido por completo. No quedan horas para mejorar el mundo. Actuamos mecánicamente. La esencia se ha esfumado. ¡Que vuelva el ser a la máquina!

 

 

 

 

 

 

 

 


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