Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

¿Diferentes o completamente iguales?

[Texto del artículo]

01 Marzo 2015
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Autor: Ana María

Esta vez quiero compartir una experiencia que hiso que mi mejor amiga y yo abriéramos los ojos para así poder ver la realidad de muchas personas, realidad que enfrentan cada día y que no pueden cambiar…pero que nosotros sí.

Existen muchos maestros que se esfuerzan en hacer sus clases mucho más interesantes y eso es lo que mi maestro de ciencias sociales empleó en esa oportunidad. La actividad consistía en grabar un video de los derechos humanos, recreando tres de los derechos que más nos atrajeran. Mis amigas y yo elegimos dos derechos alusivos a la discriminación mientras que el tercero llamaba al cuidado del medio ambiente.

Llevar a cabo la grabación de este video fue, naturalmente, una experiencia muy divertida. Utilizamos diferentes vestuarios y para una de las escenas grabamos en el automóvil de una de nosotras. Fue entonces cuando procedimos a filmar la temática: “derecho a la igualdad y no discriminación por razón de discapacidad”. La idea fue mostrar a una persona en silla de ruedas paseando por el parque junto a su asistente médico. Ambas personas pasan frente a otra que se encuentra distraída hablando por su celular, cuando ésta se percata de la persona discapacitada, la mira y su expresión denota exclusión y desagrado hacia ella. Esta escena nos parecía muy idónea para representar la discriminación que las personas con discapacidad sufren. Claro, todos tenemos conocimiento de esta dura realidad, sin embargo ¿realmente sabemos lo que se siente? ¿Sabemos que es ser discriminado por ser física o/y psicológicamente diferente a los demás? Naturalmente todos hemos sido discriminados en algún momento de nuestras vidas, pero no todos enfrentan esa verdad cada día. Yo no lo sabía con certeza, hasta que me senté en esa silla e interprete el papel de una persona invalida.

Debido a que filmamos el video con una Tablet y con algunos celulares no dudo que todas las personas que pasaron por el parque y que nos vieron pensaron que todo era real. No parecía bajo ninguna forma que fuera una escena de grabación y que por ende todo lo que sucedía era ficticio. En el momento en el que grabábamos la escena del derecho a la no discriminación una señora paso y naturalmente me miro… Jamás voy a olvidar la expresión de su cara ni la dureza de su mirada. Es difícil de explicarlo. Ella denotaba una combinación de aversión, miedo y desaprobación. No recuerdo alguna otra ocasión en la que alguien me viera de esa manera. Esta señora incluso se detuvo un momento para observarme para luego mirar a mi mejor amiga con la misma expresión. Ciertamente mi mejor amiga y yo quedamos heladas. Nos miramos a los ojos y supimos que ambas habíamos sentido el mismo desprecio con el que aquella señora posó su mirada en nosotros.

Ese día realmente entendimos lo que es ser despreciado, ser discriminado por razón de discapacidad, porque lo sentimos, lo vivimos en “carne propia”. Entendí entonces lo difícil que es para las personas imposibilitadas enfrentar el mundo día a día. Porque desafortunadamente éste tiende a rechazar lo que es diferente, pero ciertamente lo diferente no es sinónimo de extraño, ni malo.

Por qué hemos de discriminar a las personas que son diferentes, ¿acaso no son personas también? ¿Acaso no sienten de la misma manera? ¿Acaso no han reído, jugado, caído, llorado…vivido de la misma forma? ¿Por qué? Si lo piensas detenidamente no hay ninguna razón para hacerlo.

Odio pensar que haya miles de personas en el mundo que se sienten perdidas, faltas de amor porque nadie los entiende y evidentemente a muy pocas personas les interesa su sentir. No creo que haya alguna persona que merezca conocer únicamente el desprecio y por consiguiente el odio. Sin embargo, existen muchas personas que son esos los únicos sentimientos que han experimentado. Hablo de personas que han vivido y/o viven el racismo, discriminación por status social, orientación sexual, incapacidad, bullying y más. Es bien sabido que Dios nos ama a todos por igual sin exclusiones. ¿Cómo es posible que si Él, Dios todopoderoso, nos ama, nosotros decidimos no amar a algunos de nuestros hermanos?

Como lo mencioné anteriormente, todos en algún momento de nuestras vidas hemos vivido la exclusión, por medio de alguna mala mirada, algún comentario, alguna acción. Ahora te pregunto: ¿cómo te sentiste? No necesito saber tu respuesta puesto que ya la se: te sentiste mal, despreciado. Ahora imagínate vivir así cada día. Eso sería agotador, destructivo. Entonces bajo ningún motivo discriminemos ni despreciemos, es mucho mejor amar, sin importar nada. Solo amar.

Ahora te pediré que imagines una escena: piensa en una persona que se encuentre llorando, en su casa, sola, sus lágrimas empapando su almohada. Ahora agrégale cara y nombre a esa persona, e imagina que es tu mejor amigo/a, tu novio/a, hermano/a, padres o algún otro familiar, y dime si no acudirías de inmediato y tratarías de encender la luz de sus ojos y la sonrisa de su rostro. Claro que lo harías, lo harías porque amas a esas personas y las conoces, por lo que sabes que no merecen ser despreciadas por nadie. Así hay muchas más personas que son una joya, pero que son discriminadas por estándares erróneamente impuestos. Digamos no a la discriminación y con ella a cualquier tipo de desprecio y veremos personas más seguras a nuestro alrededor, personas sin miedo y orgullosas de sí mismas, sabiendo que son importantes por muchas cosas, por ser hijos/as de Dios la primera. No hay nada como hacer sentir a una persona segura, querida y respetada. Eso no tiene precio, y puede ser la diferencia entre un corazón que vive latiendo porque fisiológicamente puede hacerlo a otro que late no solo porque puede, sino también porque quiere hacerlo, porque tiene el deseo de vivir, porque sabe que la vida en su dificultad es bella y que no hay nada que temer. Somos bellos, tal y como somos, puesto que fue así como Dios nos creó y por ende, es así como Él nos ama.

Quisiera terminar con una cita de una película de ficción que me gusta mucho: X-men. Un film, que al enfocarse en su contexto, trata precisamente de esto: la discriminación. Claro que vestido de ficción, caras bonitas y efectos especiales en donde las “personas” discriminadas son “mutantes” con súper poderes. En una de sus escenas, uno de los mutantes afirma que él, a pesar de que muchas personas le temían y le despreciaban, jamás las ha odiado y son quienes le causan pena. Porque sabe que son esas personas las que nunca han podido ver más allá de lo que físicamente él es. Así no nos enfoquemos en lo que vemos con los ojos, veamos con el corazón, conozcamos a las personas antes de emitir juicios, porque no hay nadie en este mundo que no sea bello. Tengamos la certeza de ello.

Ana Figueroa

Imagen de la web Filosofía Hoy

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