Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

Turistas de nuestros sentimientos

[Texto del artículo]

01 Mayo 2015
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Autor: Nacho

“Me cuesta más estar solo en una gran ciudad que solo en medio de la nada: en el desierto estoy solo conmigo mismo; entre la multitud estoy solo y sin mi” Todo el problema de nuestra sociedad es que no sabemos estar solos, no apreciamos el valor de encontrarse con uno mismo y perderse, y es entonces cuando de verdad nos perdemos. Y no nos queremos encontrar. Necesitamos estar en constante movimiento, no estar quietos, dejamos que el tiempo nos mate sin ponerle ninguna resistencia, sucumbiéndonos a él y teniéndole miedo.
Necesitamos movernos para que el aire de nuestro neumático no se escape tan rápido. Somos neumáticos con defecto de fábrica, el pinchazo que nos arruinará toda nuestra jodida vida. Un niño está lleno, es superlativo, está jugando y lo hace con el fin de seguir jugando. Pero a medida que avanzamos nos vamos desinflando, nos vamos quedando vacíos.
¿Cuántas de las cosas que hacemos nos llenan? ¿Hay algo que realmente cubra ese pinchazo? El vagabundo que se refugia en la droga porque la vida le ha arrebatado todo de las manos. El joven que busca a todas las mujeres para intentar compensar el vacío que le dejó la única chica a la que amó y ahora busca que le rompan el corazón poco a poco porque hay algo peor que el dolor y es no sentir nada. El chaval que todos los días busca peleas para que alguien le mire porque sus padres le abandonaron de pequeño. La madre que busca a Dios para que no le destruya a ella también el vacío que dejó el cáncer que se llevó tan temprano a su única hija… Todo con un fin, un mismo fin, intentar paliar el hastío que se va apoderando de nosotros.
Nos aterra el estar solos. No somos capaces de quedarnos mirando perplejos la grandeza de ‘El rapto de Proserpina’ y cada una de las venas que recorren los brazos de la escultura. Nos emocionamos con una película de un ideal del amor que no va más allá del fogonazo, el sexo, el enfado y la reconciliación para hacernos creer que todo es bonito en esta vida; pero no ya nadie se emociona con una persona tocando un piano en directo. Los cuadros de Van Gogh ya son solo posters desgastados que teníamos en la habitación desde pequeños. No nos detenemos ni un instante a cerrar los ojos y disfrutar del olor a tierra mojada. Estamos viendo un atardecer y queremos irnos rápido a casa porque empieza otro de los miles de programas iguales que hay. Estamos sentados junto a la persona más importante del mundo y no somos capaces de apreciar la grandeza de que unos ojos te miren. Somos turistas incluso de nuestros propios sentimientos.
No sabemos estar en soledad, creyendo que estamos solos, pero sin saber que estamos con nosotros mismos.
Y quizá sí que haya que vaciarse del todo y no parar; ser leve como una pluma, libre como la bolsa de basura que vaga por las cabezas de los corredores del tiempo y como el globo del niño que abandono su tesoro momentáneo por ir a jugar con el móvil. Y volemos, sin preocupación y sin rumbo. Pero el globo y la bolsa uno acaba estallándose por su deseo de ascender y la otra enganchada en un árbol creyéndose más libre que los demás.
Achácale el problema a la corrupción, a los recortes, a las diferencias sociales, a todo lo que quieras. Pueden ser factores del porqué de nuestra sociedad mermada. Yo le echo la culpa a que el quedarse en silencio y nada más pesa tanto, y nos da tan fuerte con la realidad que nos deja sin aire. La preocupación por el arte ya no existe y se prefiere el ser idéntico a la identidad.
Lo único que realmente se es que aquel chico se suicidó lanzándose al vacío que sentía por dentro.
 

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