Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

Carta al Editor de Cassiopeia

[Texto del artículo]

12 Mayo 2015
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Autor: Constanza María

Querido editor,  tengo una confesión que hacerte: soy única. ¡Si! ¡Es verdad! Vino a mí como una epifanía. Me costó mis 17 años de vida darme cuenta, pero por fin sucedió.

No soy normal. Nadie lo es. Según el diccionario de la RAE, normal es: algo “que sirve de norma o regla” y eso no puede ser. Somos adolescentes, somos personas y fuimos creados para ser “únicos e irrepetibles”, eso es lo que aprendemos en el colegio, en la familia. Así pues, me tomo la libertad de introducirte a mi recién adquirida sapiencia (aunque todavía esté incompleta).

Durante las vacaciones en Enero tuve la grandiosa oportunidad de asistir a una charla de un libro llamado “Así es la vida”, en Uruguay. Su autora, Marcela Lechuga me abrió los ojos a la comprensión de enseñanzas que escuché toda mi vida y a nuevos panoramas. Sus anécdotas, vivencias y su entusiasmo por compartir la alegría de vivir (y su  modo de entender la vida) son fascinantes al punto de absorberte completamente cuando lees su libro.

Soy lectora asidua, ratón de biblioteca de profesión y comelibros de cariño; pero no había encontrado antes ningún libro que me hiciese agradecer el estar viva, el respirar, el cómo vivir cada momento, porque quizás fuera el último. Logré entender que el pesar de la vida nos moldea como el fuego al barro, a la arcilla o la porcelana, que finalmente luego de miles de momentos de sufrir y padecer, logra ser un delicado pocillo que haría las delicias de una reina en cualquier época o lugar. ¡Y eso solo en la introducción del primer capítulo!

“La vida es estrés, el estrés es vida.”El estrés significa estar atentos, ya que nada permanece igual nunca; nada es estático, y el cambio significa estrés y  a veces también pérdida, una pérdida necesaria para avanzar y vivir plenamente. El sufrir y gozar están en la naturaleza del ser humano, porque Dios nos hizo para la alegría y el amor, pero por nuestro pecado debemos volver a encontrar el camino hacia ellos. Ese pecado (para generalizar, el original) arruinó la perfección de la creación de Dios. De ahí en más, está bien admitir “Así de imperfecta/o soy”, porque nos lleva un paso más delante de encontrar la felicidad. Al ser todos únicos e irrepetibles, cada uno debe encontrar su propio camino de vuelta al Hogar, a Dios.

Ante todo, aclaremos primero algo: el hombre no nace por generación espontánea. Tiene una madre y un padre, y cambia sus vidas con su propia existencia. Ya la sola existencia de la persona modifica comportamientos a su alrededor y a veces el cambio es perdurable (como un padre, si deja de fumar cuando nace su bebé, por ejemplo) Tras nuestro paso por el mundo dejamos una estela que esperamos que perdure, al ser ese uno de los más grandes deseos de la humanidad: el dejar huella. Pero para dejar esa marca y ser recordado no solo por aquellos cercanos a nosotros, debemos tomar decisiones importantes; inducir un cambio en nuestras vidas. Ahí es cuando entra en juego “El riesgo de no arriesgarse”, como bien dijo Richard Bach en su poema del mismo nombre.

¿Y qué si hoy fuera el último día de tu vida? ¿No sería mejor pensar, una vez ya en el Cielo (o cualquier lugar en el que creas), no recuerdo mejor recuerdo que la vida?

Como conclusión, solo puedo agregar que la vida nos invita a vivirla. Queda en manos de cada uno decidir si acepta su invitación o se deja en manos del destino, sin tratar siquiera de alcanzar el Amor, la felicidad. Y a mis profesoras y a Marcela Lechuga; nunca podré dejar de agradecer su personalidad sin igual y el incentivo a luchar por lo que se quiere, por el objetivo final del ser humano. Me enseñaron lo especial de lo único e individual de la persona. Con ellas aprendí el valor de tomar riesgos y lo importante de los cambios. Porque… Así es la vida.


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