Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

La indiferencia

[Texto del artículo]

13 Mayo 2015
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Autor: Virginia

Desde mediados del siglo pasado, nuestra sociedad ha logrado avances significativos en diversos ámbitos: los logros científicos y tecnológicos, el reconocimiento de los derechos humanos, la creación de organizaciones que buscan la paz y la convivencia en armonía, el surgimiento de naciones libres y un sin número de adelantos sociales que nos benefician a todos. Sin embargo, a pesar de esto, aún existen guerras, masacres, genocidios, abandono de personas- ancianos y niños-, pobreza extrema y hambrunas, y la lista podría continuar. ¿Pero por qué la situación no mejora?

Aunque las causas de la persistencia de estos males pueden ser diversas, hay una expresión de la conducta humana que nos inmoviliza e impide tomar acción para revertir los: la indiferencia. ¿Pero cómo puede ser un obstáculo al cambio? La indiferencia, estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona (diccionario de la RAE), es una postura ni positiva ni negativa, un intermedio entre el desprecio y el aprecio; y se relaciona con la apatía.

En todo ambiente donde nos movemos estamos sometidos a estímulos y frente a ellos siempre hay una respuesta, pero también existe nuestra libertad de tomar acción, que nos permite elegir lo que queremos, ya bien comprometiéndonos o tomando una actitud indiferente. Muchas veces la indiferencia es una reacción defensiva hacia una situación determinada, una reacción hacia el miedo a sufrir o a perder lo que tenemos. Comprometernos nos resulta una decisión difícil y nos genera un temor que dificulta el cambio. Si nadie toma la iniciativa y se compromete a comenzar con un pequeño cambio, este no se producirá por sí solo. Una expresión de la indiferencia es no comprometernos en erradicar la pobreza, sólo nos involucramos momentáneamente con limosnas o donativos. Para no ir contra nuestra conciencia nos conformamos con colaborar, a veces con lo que nos sobra.

“No soy una persona rica así que no soy responsable de nada” podemos llegar a oír. Cuando hablamos de pobreza tendemos confundirla con la falta de recursos económicos, cuando en verdad el concepto es mucho más amplio, pues pobreza es la falta de algo, no solo de dinero sino también de afecto, familia, ideales, valores, conocimientos, experiencias, buenos hábitos, etc.

Vemos que no es necesario ser millonario para poder ser solidario porque siempre somos "ricos" en algo y podemos dar de esa abundancia a los demás. Esto implica estar dispuestos a afrontar nuestros miedos y salir de la comodidad en la que vivimos, esa comodidad que parece llevarnos a la felicidad pero no lo consigue, porque la verdadera felicidad se alcanza amando, dándose a los demás por amor. Somos seres sociales y no podemos vivir encerrados en nosotros mismos, esto nos enferma, necesitamos amar y darnos para poder llegar a ser felices.

Muchas veces nos vemos incapacitados de colaborar en el cambio de la sociedad porque pensamos que necesitamos muchísimo conocimiento y dinero o que tenemos que ir a lugares inaccesibles para poder ser solidarios. Pero cometemos un grave error, porque mientras pensamos que el que necesita de nuestra ayuda está lejos, en verdad el necesitado está a nuestro lado. Cuántas veces somos indiferentes ante el sufrimiento de los enfermos, de los ancianos que están solos, ante los amigos con dificultades personales, laborales o en el estudio. Tomamos actitudes egoístas y no queremos perder ni un minuto de nuestra valiosa vida en ayudar al otro, suponemos que el compromiso nos quitara tiempo y nuestro propio bienestar. Cuando en realidad luego lo malgastamos muchísimo en momentos de ocio.

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